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El tinglado del Mundo del Arte
Muchos se dejan seducir por lo que hoy en día la palabra "arte" engloba y significa. Un mundo del arte promovido por bancos y estados, instituciones y corporaciones que se valen de un tinglado que interesa mantener, porque es la tapadera perfecta para lavar dinero y programar las mentes de una numerosa masa social.
No es ya una noticia. El mundo lo dirigen unos cuantos desde la cúspide de una estructura piramidal. Unos pocos poderosos a los que interesa alimentar un arte materialista y superficial, aunque a veces lo tiñan de espiritual con tal de vender valores profundos. Una pantomima sacada de contexto donde, como en el mundo de la música, la moda, o los deportes, interesa que el artista sea fácilmente manipulable, y sobretodo, desee el triunfo por encima de todo.
No estoy restando valor a cualquiera de ellos o a sus obras. Me meto directamente con el sistema que alimenta este circo. Eso es todo. Porque es un auténtico circo en el que sin el tema económico de por medio, no tendría ningún sentido.
Hubo un tiempo en que el arte era patrimonio de sacerdotes, reyes y emperadores. ¿Por qué? Pues porque arte es riqueza, es conocimiento y es programación. El arte es una vía de conexión. Por eso ahora lo manejan bancos y financieras. Su poder no solo se centra en las minorías sociales que están por encima del pueblo y que manejan el llamado arte moderno, sino que se ha extendido también a lo popular y está en el cine, la radio, la moda, el diseño o la televisión degradado y convertido la mayoría de las veces en un arma de manipulación y control al servicio de la degeneración y la separación. Incluso el arte más rebelde no escapa a todo eso, sobretodo cuando nace de la reacción a la opresión y no del fondo limpio del corazón.
El arte es algo sagrado, es la expresión del Absoluto en cada uno de nosotros. Es nuestra capacidad de ser creativos en cualquier instante. Todos somos artistas. Artista no es el que toma un pincel sino el que actúa desde la unión y desde allí es un canal perfecto y único.
Hoy cualquier cosa vale millones como las gafas de John Lennon o las bragas de Marylin Monroe. Hemos entrado en el olvido y desde ahí sentimos que somos libres imitando a cualquiera que represente lo que creemos perseguir. La autenticidad y el valor lo medimos por el éxito social y económico, que depende la mayoría de las veces de cuatro críticos frustrados y de un montón de intereses. Hemos encerrado al arte como las religiones han atrapado al espíritu.
El arte en la actualidad es un negocio y los artistas son las estrellas. Quieren vivir de lo que les gusta y eso no tiene nada de extraño, pero se ha hecho de eso una religión que mueve mucho dinero. Es la tomadura de pelo de siempre. Es la misma mierda económica que nos está llevando por el retrete hacia las cloacas de nuestra miseria. Un sistema económico basado en la deuda, en la estafa, en la represión y la mentira que usa cosas como el arte para nutrirse.
Tasar el arte es como tasar una sonrisa, un instante en un paraíso natural o un sueño, no tiene sentido. El arte es como el respirar. Es una condición implícita en el potencial humano desde donde somos capaces de activar la creación y materialización de lo que pensamos y sentimos. Las disciplinas artísticas solo son medios maravillosos para ayudarnos ha hacerlo.
Así pues, todo lo demás es fórmula económica. Me alegro por los artistas honestos que disfrutan de esa suerte, pero el sistema que los sustenta es el mismo que se nutre de las guerras, las desgracias del tercer mundo, la estafa, el tráfico de drogas o el terrorismo. Es la misma cosa. Porque este mundo que se cae lo hace con todas sus pestes, y una de ellas es el arte que nos han vendido. Un arte limitado a las bolsas y al mercado de valores. Y renacerá un nuevo concepto, donde el arte quedará libre de limitaciones y ataduras volviendo a su lugar sagrado desde donde sabrás de una vez que tu, amigo y amiga, hermano y hermana, familia de luz de la humanidad, eres un auténtico/auténtica artista.
Por cierto, los dos primeros vídeos que os dejamos plasman bastante la filosofía de este escrito, o al menos, invitan con humor a la reflexión.
Los dos últimos son subastas de arte moderno donde se barajan cifras, pese a la crisis, que podrían alimentar a países enteros. Eso me recuerda a los sueldos millonarios de actores de Hollywood, deportistas de élite o cantantes de Pop y Rock, entre otras muchas cosas. Eso mientras la otra parte del mundo no come y nosotros trabajamos media vida para poder descansar un día a la semana con en el premio que suponen 4 semanas de vacaciones al año. Algo no está bien, digo yo.
En el libro negro del autor italiano Giovanni Papini, aparece una entrevista donde Picasso confiesa su verdadero sentir. Aunque muchos la consideran una entrevista que nunca existió, pues de ser cierta su autenticidad, los cimientos que soportan el mundillo del arte moderno y el valor de las obras de Picasso caerían en picado, no deja de ser interesante plantearse por un momento si no será que como siempre, la verdad es ocultada y silenciada o ridiculizada por los mismos intereses que mueven y promueven un mundo basado en la mentira, el miedo, el control, la injusticia, y la mediocridad.
En la entrevista, el artista español dice:
<< En el momento en el que el arte deja de alimentar a las mejores mentes, el artista puede usar sus talentos para realizar cualquier truco de un charlatán intelectual. La mayoría de la gente ya no puede esperar recibir del arte ningún tipo de exaltación o consuelo.
Los refinados, los ricos, los profesionales "hace-nada", los destiladores de la quinta esencia, desean del arte actual solo lo peculiar, lo sensacional, lo excéntrico y lo escandaloso.
Desde el advenimiento del cubismo, yo mismo he alimentado a estos individuos con lo que querían satisfaciendo a los críticos con todas las ideas ridículas que han pasado por mi mente. Entre menos las entendieran, mayor era su admiración por mí. Así, divirtiéndome con sus caras absurdas, fui celebrado rápidamente. Para un pintor, fama significa ventas y afluencia.
Ahora, como sabéis, soy rico y famoso aunque cuando estoy a solas no tengo la osadía de considerarme un artista en el sentido grandioso que esta palabra tenía antiguamente.
Giotto, Tiziano, Rembrandt, Goya eran grandes pintores. Yo solo soy un payaso público. He entendido mi tiempo y he explotado la imbecilidad, la vanidad y la ambición de mis contemporáneos.
Es una confesión amarga mas dolorosa de lo que parece, pero finalmente tiene el mérito de ser honesta.
Pablo Picasso, 1952
(Traducido del inglés por Roxana Flores Larrainzar)
Víctor Brossa