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Hombre y Mujer

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Hombre y Mujer

A algunos les parecerá extraño encontrar este reportaje en una Web de arte, pero como siempre digo, Arte es la expresión del absoluto y éste no tiene límite de acción.

Mientras escribo estas líneas soy consciente además que voy a tocar algunos tabúes que a más de uno o una no van a sentar muy bien. Tal vez recibiré algún email de indignación debido a ello y pido disculpas por anticipado. Mis comentarios no desean ofender a nadie y están bañados de la mejor de las intenciones, pero si aún pidiendo perdón me expongo a algún enfado, mi deseo de unión siempre será superior a mi temor a ser vapuleado y aceptaré tal recriminación desde el corazón abierto.

El poder de la víctima:

En la posición del que se siente víctima, se parte de un bloqueo emocional desde donde se percibe cualquier cosa como un ataque personal. La víctima tiende a encerrarse en sí misma y a empatizar poco con el mundo exterior, percibiendo la realidad exclusivamente desde su propio sufrimiento, hasta el extremo de sentirse con derecho a todo y exenta de cualquier culpa, solo por haber sufrido en sus carnes lo que sea que haya sufrido.

A veces, incluso el sufrimiento es una emoción heredada más que directamente vivenciada, pero al identificarnos con un colectivo, adoptamos una personalidad grupal desde donde percibimos como algo propio lo que a veces ni hemos sentido en nuestras mismas carnes.

Sea como fuere, no tiene sentido explicarles a las víctimas que los demás sufren como ellos. Lo que a ellas les importa es lo que les hicieron y desde esa postura de víctimas, justificar cualquier acción proyectada desde el derecho de transformarse en un espejo de sus propios ejecutores, haciendo sobre otros lo que ellos denuncian que sufrieron.

Un ejemplo de esto es el caso del que fue abusado sexualmente de niño. Un gran porcentaje de ellos se convierten según las estadísticas en abusadores. Es una forma de aceptar el trauma en la normalidad de la vida. Un mecanismo defensivo de la mente.

Otro caso similar son las iniciaciones e incluso vejaciones que deben pasar los jóvenes reclutas al ingresar en los ejércitos a mano de los veteranos. Lo que más me llama la atención es que al convertirse a su vez en veteranos, en vez de recordar lo mal que lo pasaron y recibir a los nuevos reclutas de una manera amistosa rompiendo la rueda, les infringen con gusto y regodeo las mismas vejaciones que ellos mismos soportaron, como si de un ritual se tratara.

Me basta todo lo dicho para llevarles de la mano hasta la realidad social en la que hoy parecemos encontrarnos. Debido a una represión totalmente injusta y desastrosa, la mujer estuvo siglos limitada, acotada, castrada desde su expresión. Es normal que un día se revelara. Yo creo que muchos hombres estamos de acuerdo y lo sustentamos desde el corazón. El problema es que al revelarse, el género femenino actuó desde la reacción y no desde la construcción. Lejos de ser al fin mujer y soberana de lo que verdaderamente representan los valores femeninos arquetípicos, desde donde el redescubrimiento de lo que es ser mujer significa algo tan femenino como sagrado, se convirtió en su teórico ejecutor. Empezó a actuar como él y a imitar su patrón de comportamiento. Me estoy refiriendo al hombre, un chivo expiatorio al que culpar de todos los males.
Así, la mujer empezó a masculinizarse.

Todos estamos en el mismo barco y tenemos nuestra parte de culpa.

Recordaremos ahora a las mujeres algo fundamental que al echar toda la culpa a los hombres pasan por alto. Un detalle que me parece importante es que al fin y al cabo, son ellas mismas las que cuidan y en definitiva crían a sus hijos. Antiguamente los hombres trabajaban los campos o se la pasaban ausentes en las guerras y ellas educaban a los niños con los valores de los que eran a la vez prisioneras. Dirán muchas que lo digo por ser hombre, pero soy un gran defensor no solo de las mujeres y los valores femeninos, sino de todas las causas donde la injusticia haga acto de presencia.

Aunque siempre hay excepciones, también quiero recordar que son las mismas mujeres y no los hombres las mas duras jueces cuando se trata de sentenciar a otra mujer. Cuantas de ellas me habrán repetido hasta la saciedad esa frase que reza: "La peor enemiga de la mujer es la misma mujer"

Tampoco los hombres están exentos de culpa. Nos hemos alimentado de la injusticia sin importarnos que nuestras madres, hijas o hermanas estuvieran esclavizadas y limitadas en su expresión hasta el extremo. Era una cuestión de cobardía y comodidad. Miedo al poder de lo femenino desde donde el ego temía perder toda soberanía desde una mente infantil, inmadura y egoísta.

Dicho todo esto, queda claro que el problema y la culpa, si la hubiere, es de todos, y ya es hora de dejar culpas y culpables, lo mismo que guerras absurdas de sexos y centrarse en la unión y el perdón, que es lo que a la inmensa mayoría nos apetece si logramos realmente superar rabias y rencores, porque masculino y femenino no son contrarios como se nos ha intentado vender. Son pura y simplemente complementarios y parte indisoluble del ser creador.

Ying, yang y el reencuentro con la unidad

Hablar de hombre y mujer (masculino-femenino) es lo mismo que hacerlo desde los conceptos orientales del ying y el yang.

Se trata al fin y al cabo de las dos fuerzas del universo que, unidas y contenidas la una dentro de la otra, generan la vida. Dos fuerzas que nacen de la respiración y latido del Absoluto (o si prefiere, de Dios) expresándose a través de un universo fractal interconectado entre sí.

El principio yang (masculino) irradia y se expande mientras que el ying (femenino) retiene y se contrae. Del encuentro perfecto entre ambas fruto precisamente del Amor, nace la creación, la vida.

El equilibrio entre ellas es fundamental y si éste desaparece, el caos hace acto de presencia. Así, cuando una sociedad está desequilibrada es que ambos componentes también lo están, aunque entre ellos traten, desde el instinto de supervivencia, de compensarse mutuamente hasta extremos insospechados.

Si la mujer se masculiniza, aunque sea por reacción justificada, automáticamente el hombre se feminiza. Es una tendencia natural desde la misma retroalimentación que los alimenta, donde uno da al otro lo que siente que le falta gracias a que ambas contienen el principio complementario en su esencia. Ese es el mayor acto de amor. Es la forma desde la que la vida perdura. Estamos amando todo el tiempo sin saberlo. Incluso desde donde parecemos hacerlo todo mal.

Como demuestra en sus teorías el físico Nassim Haramein, esas dos fuerzas que rigen el universo son el electromagnetismo y la gravedad. Es un hecho científico que sin ambas la vida no sería. Una alimenta a la otra y solo parecen enfrentadas si las percibimos desde la ilusión de la separación, es decir, desde el ego.

En el arte de la meditación se aquieta la mente para volver a la unidad. Se aparta el ego y su ruido para sentir desde el corazón. Allí vivimos ambos principios unidos en un beso eterno y allí propongo dirigirnos.

Pero mientras intentamos dar los primeros pasos les invito a escuchar esta conferencia en 12 vídeos de la psicóloga chilena Pilar Sordo, que no les defraudará. Desde el más perspicaz sentido del humor y una emotividad que va creciendo a medida que avanza la charla, podemos enfrentarnos a nuestros demonios ya seamos hombres o mujeres y empezar a realizar un ejercicio de autocrítica que deje de lado guerras de sexos y culpables para entender un poco más donde y por qué actuamos como lo hacemos, de forma que tomemos cada uno las riendas de su propia responsabilidad en el asunto, para construir así una sociedad equilibrada desde la armonía perfecta entre un ying y un yang que son complementarios y perfectos entre y para sí.

Un detalle más. Algunas de las afirmaciones de la psicóloga no las comparto, como cuando dice que solo se aprende a través del sufrimiento. Yo creo que es a través de la conciencia como realmente se aprende y más que eso, se recuerda.
Aún y así sigo creyendo que su discurso retrata y descubre muy bien las claves de lo que ha ocurrido hasta ahora entre hombres y mujeres, así como las consecuencias de alimentar una sociedad cada vez con más obligaciones y menos humanidad. Un buen ejercicio catártico para el que no tema aceptar el estado de víctima o culpabilidad para salir de él y superarse, más allá de recrearse y estancarse en él.


Víctor Brossa




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