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Música de las esferas
<< Las interacciones entre el viento solar y los planetas, lunas y anillos de nuestro sistema solar crean paisajes sonoros de frecuencias en el océano de energía que llena el vacío del espacio, y cada cuerpo celeste que lo circunda tiene un modelo musical distintivo>>.
Quien así habla es el Dr. Jeffrey Thompson, un experto en neuroacústica que ha colaborado con la NASA en varios experimentos sobre los sonidos de los planetas. En concreto, Thompson fue invitado por esta agencia espacial para que estudiase los posibles efectos benéficos de dichos sonidos sobre la mente subconsciente de las personas.
Las últimas imágenes mostradas por el telescopio Hubble, o nuevas teorías que están revolucionando el mundo de la física como las de Nassim Haramein, que ha desvelado la teoría que unifica el universo (ver reportaje en la sección de conciencia), nos llevan a entender que el cosmos está lejos de ser ese maremágnum caótico que algunos imaginan y que el universo es un ser vivo cuyo comportamiento y formas nos sugieren orden y proporción.
La ciencia más avanzada está confirmando la tradición ancestral de la "Música de las esferas", cuyas bases se establecieron en el siglo VI a. C., de la mano del célebre filósofo y matemático griego Pitágoras de Samos.
Pitágoras sostenía que las órbitas de los cuerpos celestes producían sonidos que armonizaban entre sí, dando lugar a una melodía bellísima, universal y permanente: la Música de las Esferas.
En el siglo XVII Johannes Kepler atribuyó a cada planeta una sucesión de notas, postulando que las velocidades angulares de cada astro producían sonidos, siendo éstos más agudos en tanto su movimiento era más rápido y viceversa, por lo que existirían intervalos musicales bien definidos, asociados a los distintos cuerpos celestes.
Un satélite de la NASA descubrió que el Sol suena y se comporta como un instrumento musical. Operativo en el espacio desde abril de 1998, este sofisticado observatorio ultravioleta tiene entre sus objetivos estudiar la corona solar, esto es, la agitada atmósfera superior del sol. Generados por explosiones que producen micro-llamaradas, estos anillos de plasma o gas electrificado provocan ondas sonoras que van propagándose de arco en arco.
En declaraciones a la BBC, Robert von Jay-Siebenburgen, jefe del Centro de Investigación de Física Solar y Plasma Espacial de la Universidad de Sheffield (Gran Bretaña), explicó: <<El efecto es muy parecido al que se produce al puntear una cuerda de guitarra>>
El Dr. Yaoura Taroyan, profesor de matemáticas aplicadas en el mismo centro señaló que las explosiones solares envían las ondas acústicas hacia los arcos a decenas de kilómetros por segundo. <<Estos arcos pueden tener hasta cien millones de kilómetros de longitud y conducir las ondas y sus oscilaciones de manera similar a como lo haría un órgano de tubos>>
Trescientas veces más graves que los tonos que puede captar el oído humano, llama la atención que dichos ultrasonidos respondan a un patrón concreto: se producen con una frecuencia de 100 milihercios en periodos de 10 segundos.
David Thomson y Louis Lanzerotti, miembros del Programa Hiscale, un experimento científico a bordo de la sonda Ulysses, junto con el resto de su equipo, llegaron a la conclusión de que diferentes sonidos generados de forma predecible por el Sol no solo son capaces de alcanzar nuestro planeta, sino que en la Tierra se producen movimientos concretos como respuesta a los ultrasonidos rítmicos procedentes de la atmósfera solar, dando lugar a una especie de <<baile cósmico>>.
Pero mas allá del Sol y como recuerda el profesor Donald W. Kurtz, del Centro de Astrofísica de la Universidad de Lancashire Central (Gran Bretaña), <<todas las estrellas de nuestra galaxia emiten vibraciones armónicas, produciendo una especie de melodía celestial>>.
La misión Voyager logró captar, gracias a un sofisticado equipo de grabación, las vibraciones del espacio exterior (producto de la interacción del viento solar y las ionosferas de los planetas) y convertirlas en misteriosos sonidos.
El comúnmente llamado viento solar es un flujo de partículas, formado en su mayor parte por protones y electrones, que recorre el sistema solar. Cuando su plasma incide sobre la capa superior de la atmósfera de los planetas (ionosfera), produce resonancias que a su vez generan radiaciones de frecuencias entre 20 y 20.000 hercios, exactamente en el rango del oído humano. Aunque el espacio no posee el aire que requiere un medio conductor, basta con convertir las ondas electromagnéticas en sonoras, del mismo modo que lo haría un sencillo altavoz.
Les dejo con unos vídeos del sonido de algunos planetas para que vayan atando cabos.
Víctor Brossa




